domingo, 13 de marzo de 2016

¿Qué es un Trauma Psicológico?

La definición más rápida de trauma se asocia a una lesión, a un daño. Es un concepto de la medicina que se utiliza también en lo concerniente a la esfera de lo emocional o lo psicológico.

Si se unen los cabos, se resuelve inmediatamente que un trauma psicológico debe ser un daño o lesión a nivel de lo emocional, análogamente a lo que sucede físicamente. El daño provoca una marca, y requiere de algún tipo de intervención para poder solucionarlo o superarlo.

Esta idea es correcta, pero incompleta. La psiquiatría (que no deja de ser una especialidad dentro de la medicina y sus parámetros) sostiene que:

¨
Eventos traumáticos o Trauma psíquico es una experiencia que causa daño o sufrimiento físico, emocional o psicológico y es un hecho que se percibe y se experimenta como una amenaza para la seguridad de uno o la estabilidad de su mundo.
Un evento traumático puede involucrar:
·                    Traslado a un lugar nuevo
·                    Ansiedad
·                    Muerte de un amigo, miembro de la familia o una mascota
·                    Divorcio
·                    Miedo
·                    Hospitalización
·                    Pérdida de confianza
·                    Dolor
·                    Lesión física o enfermedad
·                    Separación de los padres (percibido como abandono)
·                    Terrorismo o un desastre masivo
·                    Violencia o guerra¨ [1]

Desde el psicoanálisis, la idea de trauma es, por fuerza, mas amplia. En la obra de S. Freud hay un desarrollo del concepto, que va quizás desde esta posición positivista del término (trauma=daño percibido, amenazante) hasta otra mas propia.
En principio, la teoría psicoanalítica se basaba en el concepto de que un síntoma neurótico (por ejemplo: obsesiones, fobias, conversiones histéricas, etc.)  podía reconducirse a sus estados germinales, en los cuales se hallaría siempre un suceso traumático para el sujeto enfermo. Por regla general, ese trauma se ubicaba en épocas tempranas del desarrollo psíquico que, si no se intervenía al respecto, podia seguir su camino hasta la vida adulta, condicionando desde lo inconsciente.

Pero al proseguir con su trabajo clínico e intelectual, el mismo Freud se vio obligado a tener que repensar todo este mecanismo. El mismo advirtió que un trauma no es siempre un hecho dañino en si mismo. No se trata siempre de un suceso emocionalmente impactante, desbordante o intolerable para el sujeto.
Mas aun, esa marca en el psiquismo no siempre proviene de un hecho traumático, en el sentido que venimos manejando. Esas marcas tienen que ver también con lo que proviene del otro. Algo que se transmite al sujeto, desde su infancia, quizás desde antes de nacer, tiene la particularidad de instalarse profundamente en lo inconsciente del sujeto.
El aparato psíquico es algo que se va formando desde muy temprano. Para poder desarrollarse, se nutre de la batería simbólica (Lacan dirá: ¨significante¨) que la cultura, sociedad, familia, en fin, el otro le otorga al sujeto.
¿Esas marcas pueden ser palabras? Si.


Pensemos en un ejemplo que grafique mejor la idea:
La sociedad en la que vivimos tiene una lógica simbólica que favorece un tipo de sexualidad por sobre otras. Muchas veces, esas otras formas de sexualidad son entendidas como incorrectas, marginadas y hasta atacadas. ¿ que hay de malo en las diferentes formas de sexualidad realmente? Nada, pero simbólicamente pueden ser entendidas como degradantes, enfermas, pecaminosas, etc.
Entonces, si desde que nacemos nos ¨enseñan¨ que solo la heterosexualidad es valida (por ejemplo), ¿como vivir siendo uno algo diferente a ese estandar de sexualidad transmitido simbólicamente? El padecimiento aquí no surge de un trauma dañino en principio. Surge mas bien de la contradicción psicológica que establece un armado simbólico, escrito en lo inconsciente del sujeto, en relación al aspecto real de su sexualidad. ¿Que resultado tiene esta contradicción? El síntoma neurótico.
Se podría pensar de esta manera, que el trauma es simbólico sin haber sino nunca percibido como algo amenazante sino más bien como algo absolutamente normal.

Por Lic. Esteban Fernandez (UBA)

MP 83605





·                    [1] https://www.clinicadam.com/salud/5/001924.html

martes, 5 de marzo de 2013

¿Sirven los Psicofármacos?






¿Sirven los Psicofármacos?




Según el efecto que provoquen, pueden encontrarse los siguientes grupos de psicofármacos: ansiolíticos,   antidepresivos,  antipsicóticos  e hipnóticos, entre otros. Dentro de cada grupo hay una gran diversidad de drogas y marcas que deben ser prescriptas por un profesional médico.

Si los psicofármacos tienen efectos absolutamente demostrables, quedaría por sentado que sirven. Y podemos afirmar que sirven, sin lugar a dudas. Quizás la pregunta más importante sea esta: ¿Para qué sirven los psicofármacos?

Podría decirse que la medicación psiquiátrica actúa directamente sobre el organismo, inhibiendo o estimulando sus funciones según el cuadro clínico que amerite tal o cual efecto. Por ejemplo, si se trata de un cuadro depresivo, el fármaco actuará en el cuerpo provocando una estimulación intentando revertir el ¨ aletargamiento ¨ del paciente. Por otro lado, si el padecer se asocia a cuestiones de ansiedad lo que se prescribirá será, lógicamente, un ansiolítico que inhiba el mecanismo físico que da lugar a tal manifestación en la persona.
Pero, ¿es lo mismo impedirle al cuerpo sentir el padecer que solucionar lo que lleva a la persona a tal sufrimiento?

Muchos pacientes que tienen o tuvieron la experiencia del psicofármaco expresan que, bajo los efectos de la sustancia, ¨ no son ellos mismos ¨ o ¨ están como adormecidos ¨. Esto sucede así porque la medicación sirve, si, pero a modo de analgésico del alma , si se me permite la expresión.

Si bien es el organismo el sostén de las sensaciones, no significa que sea el causante de las mismas. Comparar un cuadro de alteración orgánica (por ejemplo, causado por un virus) con uno de padecimiento psicológico, como si fueran equivalentes, lleva a que muchos profesionales aborden la problemática de una manera no del todo favorable.

Desde el psicoanálisis lacaniano se aborda la enfermedad mental desde 3 registros fundamentales: lo real, lo simbólico y lo imaginario. Sin entrar en detalles excesivos, la tendencia de la psiquiatría contemporánea es intervenir casi pura y exclusivamente en uno de esos tres registros: el de lo real del cuerpo. Se comprenderá rápidamente que la idea del psicoanálisis no es dejar de lado el interés por lo orgánico, sino de que éste sea incluido junto a los otros dos, al mismo tiempo que la psiquiatría excluye lo simbólico y lo imaginario. En otras palabras, mientras que la psiquiatría reduce la problemática a la naturaleza de las sinapsis neuronales, el psicoanálisis intenta abrir el campo de intervención e introducir el cuerpo como parte de la problemática, no como el inicio y el fin de la misma.

Un ejemplo sencillo graficará mejor lo expuesto: una persona que pierde sorpresivamente su trabajo puede sentir un incremento de la ansiedad (aunque no necesariamente tuviera que suceder de esta manera). Se puede medicar a esa persona para inhibir las funciones orgánicas que le permiten sentir esa ansiedad, pero poco se soluciona la problemática que dio lugar a la aparición de ese malestar, que está relacionado con la vida de esa persona. El trabajo puede representar para esa persona el real sustento de vida de él y de su familia, al mismo tiempo que también pueden ponerse en juego cuestiones imaginarias donde el ego o el yo sufre una herida grave, dependiendo del lugar simbólico e inconciente en que ese trabajo se ubicaba en la trama psíquica del paciente. 

El psicoanálisis no niega la importancia de la intervención por medio de psicofármacos, sino que los incluye como posibilidad según el caso y entendiendo que lugar ocupa y cual es la limitación de los mismos.

En conclusión, la medicación psiquiátrica sirve, por lo general, para calmar un padecer y hacer desaparecer una sintomatología especifica, pero nada puede hacer para resolver lo que dio lugar a ese cuadro







Por Lic. Esteban Fernandez

MP 83605/ MN 50316

Contacto: lic.esteban.fernandez@gmail.com / tel: 15 3950 6199










jueves, 20 de septiembre de 2012

Ley de Talles y su impacto en las Adolescentes




Por Lic. Esteban Fernandez

Columna de opinión para publicación en www.periodicosic.com.ar

Link con la nota completa: http://periodicosic.com.ar/2012/09/el-cuerpo-a-merced-de-las-reglas-del-mercado/





El incumplimiento de la ley 12.655 (o ¨ ley de talles ¨) implica, en principio, el establecimiento de un ideal del cuerpo femenino y una negación  de todo aquello que no se adecue al mismo.

Así se transmiten e institucionalizan en la sociedad una serie de conceptos que, implícitamente, tienen un efecto negativo sobre la población. Por un lado, el mercado está expresando que solo existe la mujer delgada, o aquella que concuerda con los talles que oferta. Esos cuerpos que quedan por fuera de esta oferta comercial parecen invisibles, sin importancia, sin una existencia. Así se ejerce una fuerte discriminación, como si solo tuviera derecho de vestirse y de ser mujer aquella que tiene la suerte de concordar con el ideal que el mercado recorta, dibuja y moldea sobre la silueta femenina.

La adolescencia es un periodo donde la subjetividad sufre una crisis. La pubertad transforma al cuerpo y la joven tiene la tarea de venir a darle sentido a ese nuevo cuerpo. Debe significarlo, comprenderlo, abordarlo y hacerlo propio para cuidarlo y disfrutarlo. ¿Qué podría suceder si su imagen es negada por el mercado o por el ideal social? En principio no puede decirse que necesariamente tuviera que suceder algo, como si se tratara de una reacción química donde cada causa tiene su efecto estrictamente determinado. En cada caso dependerá de la estructura subjetiva (historia personal, deseos, fantasías, etc.) para comprender el impacto que esa discriminación comercial está ejerciendo. En ocasiones ocurre que el narcisismo (o autoestima) de la adolescente se ve socavado al considerar que en su cuerpo o imagen hay algo erróneo, negativo o desvalorizado por el hecho de que no va en paralelo con los ideales. En resumen, se vislumbra que esta persona está apropiándose inconcientemente de una significación externa y compartida para darle sentido a su propio cuerpo. Si esa significación le dice que su cuerpo no es el correcto, el resultado es fácil de predecir.

Pero, ¿Es esto suficiente para provocar un cuadro de anorexia, bulimia u otro trastorno de la alimentación? La respuesta es compleja y seguramente no haya una sola, sino múltiples. Desde el psicoanálisis es importante diferenciar diagnosticamente eso que es denominado como un trastorno de la alimentación. Que una chica presente los síntomas de lo que la psiquiatría entiende como anorexia, por ejemplo, no expresa nada de la problemática subjetiva. Una joven puede evitar comer debido a una obsesión con su figura, tratando de estar más ¨ linda ¨, más delgada, más acorde al ideal,  etc. Estos son los casos donde lo que esta en juego es su narcisismo, como se lo expresa anteriormente.  Muy diferente son los casos en donde lejos de querer alcanzar un ideal o estandarte estético social, la adolescente evita alimentarse, alimentándose de nada debido a una conflictiva inconciente en donde se pone en juego las ligazones afectivas inconcientes del Complejo de Edipo. En otras palabras, en estos casos es posible que el incumplimiento de la ley de talles influya de alguna manera en el cuadro clínico, pero el foco de la problemática excede a esa cuestión y tiene raíces inconcientes infantiles mucho mas profundas y complejas. El conflicto, antes que ser entre la imagen ideal social y su cuerpo (como seria en el caso de las chicas obsesionadas con una dieta), es entre el deseo materno de alimentar y la reacción de defensa de la chica que busca una separación desesperada del mismo. 

Mas allá de las diferencias clínicas en cuanto a los trastornos alimenticios, es importante reflexionar sobre los alcances que el incumplimiento de esta ley puede tener al sostener una discriminación activa que no puede ni debe ser legitimada.






martes, 4 de septiembre de 2012

Tengo, Luego Existo


Por Lic. Esteban Fernandez



La máxima cartesiana que reza ¨ pienso, luego existo ¨ intenta dar cuenta de la certeza de la existencia a partir de la duda. Se puede dudar de la vigilia, del sueño, del día y la noche, de Dios, del tiempo y del espacio. Pero de lo que no se puede dudar…es de que se duda. Hay algo que alberga la duda, el pensamiento o la razón y ese algo es un ser.

Sobre este tipo de afirmaciones descansa el lente interpretativo moderno a la hora de entender la existencia, el ser o el yo. Es innovador si se tiene en cuenta que la edad media tiene un fuerte andamiaje en la Fe, la que podría entenderse como el reverso de la duda. No es casualidad que la ciencia gane terreno hasta convertirse en el modo hegemónico de pensar, donde la cuestión de la existencia solo puede buscarse mediante el método y la razón

El ser, en el mundo moderno, se cuantifica. Se mide, se compara, se clasifica, se categoriza, se etiqueta, etc. El ser entra al laboratorio. La duda y la razón definen la posibilidad de existencia, y definen el método con la cual venir a dar cuenta del grado, cantidad y calidad de existencia que allí habita.

La manera en que la ciencia enmarca a la subjetividad, va más allá de las fronteras del laboratorio y se vuelve un mecanismo social de identificación del yo con el ser[1].  Ante las dudas existenciales que la religión ya no puede responder, hace falta una piedra de toque que resguarde al hombre de la angustia del no-ser. Ese interrogante, que apunta inevitablemente a una cuestión profundamente metafísica o abstracta, es contestada con algo tangible, concreto  y que permite al ¨ si mismo ¨ medirse y definirse de algún modo.

El psicoanálisis defiende la idea de que la angustia es universal para el hombre. Entiende que hay hombre allí donde el mero ¨ cachorro humano ¨ es ¨ traumatizado ¨ por el efecto del lenguaje, es decir, de la cultura.  La irrupción del sistema simbólico y su orden artificial, que precede al nacimiento de cada persona, vuelven al ser natural del  humano una mera circunstancia mítica.  Lo Real queda perdido por efecto del Símbolo, el cual introduce la falta en ser. Lo Simbólico nunca es lo Real, pues lo Real es aquello que queda por fuera de lo Simbólico. En otras palabras, el orden natural en el ser humano nunca fue tal, pues esta perdido de entrada debido al lenguaje. No hay ser, puesto que esta perdido. El objeto del instinto no existe, y la relación del ser con el mundo no puede ser mas que perversa, en el sentido de que no hay manera de que pueda volver a ser natural. Por supuesto que hay un orden, pero no esta dado por un apriorismo biológico, sino que es construido sobre el símbolo que encarna a la ley.

En resumen, la condición del hombre es aquella que necesariamente conlleva a la perdida irreparable de una identidad Real. Y de allí el mecanismo de las identificaciones imaginarias, tratando de emparchar esta falta universal introducida por el orden simbólico.

A lo largo de la obra de Freud se encuentran sobradas referencias a la novela familiar en la que se pone en juego una dinámica de amor y odio del niño para con sus padres [y de los padres para con el niño]. Categorizado como Complejo de Edipo, se describen las vicisitudes de la puesta en juego de la pulsión humana en el encuentro con la ley que la ordene en pos de la inclusión del individuo en la sociedad. Es casi un cliché que el varoncito ubique a su madre como el primer objeto de amor y, como consecuencia de esta actividad libidinal, a su padre como un rival al cual odia de muerte.

Cualquiera sea la trama que se despliegue en el complejo edípico de una persona, no deja de ser mas que un recubrimiento imaginario, una novela fantaseada y construida por la neurosis de cada uno, sobre un agujero estructural que se vuelve insoportable para el ser. Podría decirse, forzando las cosas, que el Edipo no es más que el modo neurótico de no saber nada de la falta, de lo imposible, de la castración, de la muerte y de la falta en ser.

La prohibición del incesto, introducida por la función paterna dentro del complejo de Edipo, imprime la ley simbólica que castra al niño [y a la madre], que separa, que ordena y limita. El goce total es imposible, la unión perfecta es mítica, la finitud se hace patente y el ser cae en la cuenta de su incompletud y de la del prójimo. El sujeto se enfrenta con la muerte, con el agujero y opta por taponarlo. Allí donde lo Real [donde podría ubicarse al goce total, instintivo, completo] queda agujereado por el atravesamiento de lo Simbólico [por ejemplo, el Deseo materno y la Ley paterna], el sujeto ubica una ficción imaginaria [el complejo de Edipo tal y como se lo encuentra en la obra freudiana] para no saber nada de eso que sabe. Ante la angustia se ubica el tapón.

En ese lugar determinado aparece el Falo como significante que no significa nada. Aquello que tapa el agujero del Otro, que le da sentido al Deseo materno y que vendría a completarlo es Falo. El sujeto pasa a identificarse con el mismo, según la ficción imaginaria que rodee al significante, en pos de completar al Otro y en el mismo movimiento, completarse a si mismo. Pero en una secuencia lógica, el sujeto pasa de Ser Falo que Tener falo. De esta manera, la persona ordena su vida en el tener o no tener, tanto varones como mujeres. La consecuencia imaginaria del complejo de Edipo del varón es, por lo general, la amenaza de castración que lo acompaña a lo largo de su vida. De esta manera, se considera feliz mientras Tenga falo [representado por un auto, una propiedad, dinero, prestigio, sabiduría, una mujer, el pene mismo, etc.] y sentirá la amenaza de desestabilización emocional en cuanto a la posibilidad de Perder falo, siendo muy común la obsesión.  

En el caso de la mujer, la cuestión de No Tener falo esta desde el punto de partida y su posición será mas vertida hacia la cuestión del reclamo al otro, que le debe algo. En otras palabras, no tiene y quiere tener.
Sea como sea, ambas ficciones fálicas giran en torno al tener o no tener. El ser, en cuanto es no-ser, se identifica a algo mas o menos medible. Eso es lo que permite el falo. No hay nada ¨ natural ¨ que especifique que la vida del ser humano se deba debatir entre el tener o no tener, sino que es un recurso contra la angustia del no ser. Es preferible adormecerse en los avatares del falo que enfrentarse a la angustia que le hace de soporte lógico a toda esa escenificación neurótica.

La modernidad hace un altar de esta dinámica del ser = tener, propia de lo humano, y la potencia a niveles sin antecedentes en la historia obteniendo fenómenos como el del consumismo masivo y un orden capitalista desmedido y salvaje. En pocas palabras, el parche a la angustia existencial de la época puede resumirse en Tengo, luego existo.




[1] Hay que destacar que el yo debe ser entendido como una parte del ser, y no como un sinónimo. 

martes, 26 de junio de 2012

Retrato de Sigmund Freud, por Lic. Esteban Fernandez




Sigmund Freud, por Lic. Esteban Fernandez




(Freiberg, 1856 - Londres, 1939) Neurólogo austriaco, fundador del psicoanálisis. El hombre que habría de revolucionar la psicología clínica y la psiquiatría, se inclinó relativamente tarde hacia el estudio de la Medicina. Se matriculó en la Facultad vienesa de esta ciencia (su familia se había trasladado a Viena en 1859) tras la lectura de las obras de Darwin y de un ensayo de Goethe.
Graduado en 1881, se interesó al principio por la fisiología del sistema nervioso y la anatomía cerebral. Obtenida en 1885 la habilitación para la enseñanza libre de la neuropatología, se dedicó, no obstante, muy pronto a la psiquiatría y marchó aquel mismo año a París para seguir los cursos de Charcot en la Salpétrière, estudiar sus teorías y familiarizarse con las técnicas hipnóticas empleadas por éste en el tratamiento del histerismo y de otros trastornos nerviosos.
Vuelto a Viena (1886), contrajo matrimonio con Martha Bernays, y luego regresó, aun cuando por breve tiempo, a Francia, a fin de aprender en Nancy los métodos hipnosugestivos de cura de Bernheim. De nuevo en su patria, y no demasiado satisfecho (el hipnotismo terapéutico no resultaba fiel y la etiología del histerismo no quedaba explicada), se interesó por el sistema seguido antes por un colega mayor que él, Joseph Breuer, en la curación de una joven histérica mediante el empleo del hipnotismo, no ya para anular los síntomas, sino para superar las inhibiciones de la paciente y hacerle evocar detalles de su vida pasada en relación causal con tales síntomas, pero tenazmente olvidados (método "catártico").
Sigmund Freud trabajó en el mismo sentido y publicó en 1895, con Breuer, Estudios sobre la histeria(Studien über Hysterie). El sistema contenía en germen la terapéutica psicoanalítica y había aclarado la existencia de conflictos ideoafectivos inconscientes como premisas y causas de una condición neurótica; el traslado, en el síntoma, de energías psíquicas no liberadas y, finalmente, la posibilidad técnica de un retorno de la afectividad atascada a sus vías normales de flujo.
Se presentaban, no obstante, dos problemas: primeramente, la posibilidad de una técnica menos insegura que el hipnotismo para la debilitación de las inhibiciones y la evocación de los recuerdos; en segundo lugar, la naturaleza de las emociones y energías psicodinámicas en juego. A la primera cuestión respondió Freud con la sustitución de la hipnosis por la técnica del relajamiento y de las "asociaciones libres", según la cual el paciente es invitado a hablar con absoluta libertad de cuanto llega a su mente y a vincular una idea con otra sin un orden establecido previamente; solucionó la segunda admitiendo en buena parte la naturaleza sexual de las emociones relacionadas con las situaciones olvidadas.
Llegados a este punto (1896-97), Breuer y Freud acabaron por separarse. Había nacido el psicoanálisis freudiano, entendido como técnica de exploración del subconsciente, psicoterapia y teoría psicológica general. Freud descubrió sucesivamente que los contenidos alejados de la conciencia ("removidos") podían expresarse no sólo en los síntomas neuróticos, sino asimismo en otros aspectos no meramente patológicos, y sobre todo en los sueños (a cuya interpretación dedicó una obra fundamental,La interpretación de los sueños, 1900) y en muchos actos insignificantes de la existencia corriente (Psicopatología de la vida cotidiana, 1904).
La sexualidad del adulto le pareció condicionada, singularmente en el neurótico, por hechos y experiencias de la infancia; de la evolución del impulso sexual a partir de la primera infancia trató en la obra Tres contribuciones a la teoría sexual (1905). Más adelante, Freud estableció la psicodinámica de los conflictos del subconsciente en la interacción de tres componentes psíquicas de la personalidad: el Ello, el Yo y el Super-Yo, cuya naturaleza y función describió en varios textos de su madurez, Más allá del principio del placer (1920), Psicología de las masas y análisis del Yo (1921) y El Yo y el Ello (1923).
Al principió, creyó que a los instintos sexuales se oponían impulsos de autoafirmación, que denominó "instintos del Yo"; posteriormente describió los conflictos instintivos fundamentales en términos de amor y destrucción ("Instintos del Eros" e "instintos de la muerte"). Ciertas relaciones entre las manifestaciones neuróticas y las costumbres de los pueblos salvajes le indujeron a estudiar algunos problemas importantes de la psiquis primitiva; apareció así en 1913 la obra Totem y Tabú, que aclara varios de los más arcaicos mecanismos del subconsciente.
Mientras tanto, diversos estudiosos de distintos países habían comprendido el extraordinario valor de los descubrimientos de Freud y, agrupados en reuniones, fundaron con él la Asociación Psicoanalítica Internacional (1910) y los primeros periódicos dedicados exclusivamente al psicoanálisis. La notoriedad de Freud atravesó el Océano; en 1909, la Clark University (Worcester, Massachusetts) consiguió que celebrara una serie de conferencias.
Las lecciones que dio Freud en la Universidad de Viena durante los años de la primera Guerra Mundial fueron reunidas por él mismo en Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1917), completadas por una nueva serie aparecida en 1932. A 1926 pertenece el profundo estudio sobre la angustia,Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Sympton und Angst). Ya en 1920, tras dieciocho años pasados como encargado de curso, Freud, a los sesenta y cuatro, había sido nombrado finalmente profesor ordinario de la Universidad de Viena. En 1930 se le concede el premio Goethe de la ciudad de Francfort.
Ocupada Austria por los alemanes (1938), Freud que era israelita, se vio obligado a expatriarse y marchó, con algunos familiares y discípulos, a Londres, donde murió al año siguiente. En la última etapa de su vida consagró una atención cada vez mayor a los problemas sociales, religiosos y políticos; aparecieron, así, El malestar en la civilización (1903) yMoisés y el monoteísmo (1939). Verdadero gigante del intelecto y hombre de suprema integridad moral y científica, Freud pertenece al exiguo número de aquellos que han transformado toda una cultura y cambiado el curso de la historia del pensamiento.









domingo, 19 de febrero de 2012

Ataques de Pánico: ¿Tienen Solución?





Por
Lic. Esteban Fernandez
MN 50316/ MP 83605





Para comenzar es necesario establecer una descripción de lo que se conoce como ¨ Ataque de Pánico ¨. Según el  Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV),  este cuadro es definido en base a ciertos episodios en los cuales surge una sensación de terror sin que haya un estímulo concreto que la motive. La clasificación dentro del manual es más amplia, especificando la cantidad de episodios y otras características que se engloban en la misma. Se hace referencia a los mareos, sudoración, temblores, etc., que muchas veces acompañan a la sensación de miedo desbordante. También se ocupa de ubicar en otras categorías a cuadros parecidos, permitiendo el diagnostico diferencial,  como la fobia en sus variedades, por ejemplo.

De todas maneras, lo importante aquí no es centrarse en las clasificaciones del manual psiquiátrico, sino tratar de entender un poco mas acerca de este fenómeno tan divulgado y conocido, pero pocas veces entendido.

Es muy común encontrarse en el consultorio con pacientes que presentan un vínculo muy particular con este tipo de afecciones. Saben describir muy bien las sensaciones y pensamientos  que vivencian durante los ataques, pero no logran dar cuenta del por qué de los mismos. Y más aún, no sienten que esos ataques tengan ninguna relación con sus vidas, historia, personalidad, afectos, etc. Sufrirían de ¨ pánico ¨ de manera análoga a como alguien podría sufrir  un resfriado. En otras palabras, el paciente que sufre de ataques de pánico no suele implicarse subjetivamente al malestar que lo aqueja.

Frente a esta demanda del paciente se abren dos grandes formas de abordaje dentro del campo profesional ¨ psi ¨ (el orden en que aparecen a continuación es meramente arbitrario): una tiene que ver con el propuesto por la psiquiatría y las psicoterapias asociadas a la misma (como por ejemplo, aquellas denominadas ¨ terapias breves ¨, ¨ focalizadas ¨, ¨ cognitivo/conductuales ¨, etc.). Todas estas disciplinas están enmarcadas en una lógica de salud y enfermedad mental de tipo médico, poniendo el mayor énfasis en las cuestiones orgánicas intervinientes (el cerebro y el sistema nervioso), donde lo psíquico aparece en una suerte de efecto de las alteraciones físicas. Desde este marco, el ataque de pánico (como cualquier otro cuadro psicopatológico) es considerado como análogo a las enfermedades médicas. Se aplica psicofármacos y  diferentes técnicas de control, adaptación, re-educación y condicionamientos hasta que el mal que aquejaba al paciente ya no se evidencia. En otras palabras, se ayuda al paciente a ¨ dominar ¨ las sensaciones o a evitarlas.

En cuanto al ataque de pánico, se suele aplicar medicación ansiolítica (se inhiben ciertas funciones orgánicas intervinientes en el mecanismo corporal de la ansiedad) complementándosela con diferentes técnicas de ¨ inhibición ¨ psicológica. Estas últimas responden a un reacondicionamiento de las ¨ ideas patógenas ¨ por nuevas ¨ ideas sanas ¨ o ¨ adaptativas ¨. Se le enseña al paciente a no tener miedo, aunque no pueda siquiera saberse a que es a lo que se le teme.     Esta es la solución propuesta, a grandes rasgos, desde este enfoque disciplinario.

La segunda forma de abordaje, aquella que proviene del psicoanálisis (fundado por Freud y desarrollado hasta el presente), propone que en el padecer psíquico existe una lógica inconciente, propia de cada subjetividad. En lugar de sostener que el ser humano es un individuo (es decir, que no esta dividido) constituido como una totalidad orgánica/psíquica, demuestra que el sujeto es, en si mismo, un ser estructurado por diferentes instancias psíquicas. Así demuestra que por un lado existe la vida conciente, pero que al mismo tiempo existe el mundo de lo inconciente, operando sobre la misma persona. El ataque de pánico es un gran ejemplo de todo esto: el paciente no puede decir nada acerca de que es lo que le hace tener esos estados emocionales. Las razones permanecen veladas hasta que se le da un lugar a la palabra. En esta diferencia se puede ubicar, respectivamente, a la psiquiatría y su individuo totalizado  por un lado, y al psicoanálisis y a su sujeto  dividido por el otro.

La solución que aporta la doctrina freudiana dista de la psiquiatrica fundamentalmente en que no se busca controlar, inhibir o reacondicionar el padecer, sino que se busca poder reubicar, en el contexto subjetivo, el lugar que ese dolor tiene en la historia y la vida emocional del paciente. No se trata de taponarlo, sino de lo contrario. De esta manera se ordenan los elementos psíquicos inconcientes con aquellos concientes, otorgando la posibilidad de que el paciente advenga a una nueva posición en la que ese padecer deja de ser un enigma sin sentido. Al ir encontrando los nexos, desde lo conciente a lo inconciente, aparecen los conflictos internos olvidados, negados o invisibilizados  que hacen de base al ataque de pánico. Así, no solo cede aquel malestar que trae al paciente a la consulta, sino que permite un reacomodamiento global de la subjetividad. No hacen falta así medidas de control ni inhibición farmacológica.

Hace falta aclarar que esta es solo una exposición descriptiva. Ambas disciplinas, si bien plantean la problemática y la solución desde diferentes modos de entendimiento, pueden trabajar interdisciplinariamente. Esto quiere decir que es posible el abordaje conjunto sobre la misma cuestión.

Se evidencia que no existe una solución para el ataque de pánico, sino que existirían más de una. Y en esta pluralidad de posibilidades de intervención, se hace necesario preguntarse por la calidad de cada una de ellas. ¿Es la solución el control y la medicalización? ¿Puede esto ubicarse cualitativamente al mismo nivel de la solución en cuanto advenimiento subjetivo, aquel que introduce un cambio profundo en la persona que padece?

La tarea de cuestionar esta temática involucra, por supuesto, a los profesionales del ámbito de la salud mental, sea cual fuere su orientación teórica. Pero por sobre todo, también debería involucrar a la población en calidad de paciente, ya que es quien debe decidir que tipo de intervención y solución desea para si mismo y su entorno.




martes, 21 de junio de 2011

Adolescencia y Tribus Urbanas



Por Esteban Fernandez


La siguiente entrevista fue realizada para www.crear-t.com.ar





1) Para la psicología, ¿qué es una tribu urbana?
- Descriptivamente hablando, las llamadas ¨ tribus urbanas ¨ son grupos conformados principalmente por jóvenes adolescentes en el contexto de las ciudades contemporáneas. Por regla general, un grupo es entendido como un conjunto de personas que comparten algo entre si, provocando cierto sentimiento de unidad, confianza, protección, identidad, etc. Es decir que no basta con tener una ¨ multitud ¨ para poder hablar de grupo, ya que esta última es simplemente un conjunto de individualidades ocupando un mismo espacio y/o tiempo, pero que no buscan nada específico con el otro ni comparten algo sobre lo que puedan sentirse parte.  En otras palabras, para que se pueda hablar de grupo debe estar presente el factor ¨ libidinal ¨ (o amoroso) que permita que diferentes personas que comparten un mismo ¨ Ideal ¨ (una idea política, una creencia, una postura, etc.) se identifiquen entre si, evidenciando esta unidad a través de un modo parecido de vestir, de hablar, de expresarse y demás. Podemos sostener que algo del Yo de la persona se mimetiza con el grupo, a através de la idealización compartida y de la identificación mutua. El grupo se forma gracias al aporte de las identidades de las personas que lo conforman, y al mismo tiempo, esas personas conforman su identidad gracias al grupo que pertenecen.
En el caso de las tribus, desde su denominación como tal, podemos pensar que se dan como ciertas minorías que emergen como islas autónomas dentro del gran océano de la ciudad que las alberga. Pareciera que el grupo dominante de la sociedad adulta no termina de aceptar, legitimar e incorporar como parte de la comunidad a los grupos adolescentes con sus características particulares y diferenciales.
La globalización trae como correlato la tendencia a la uniformidad universal. El mundo adulto se organiza sobre esa tendencia, con sus ideales, leyes, y sistemas identificatorios. Es el mundo adulto también, un gran grupo. Pero generalmente, el interés no recae sobre el grupo mayoritario, sino sobre aquellos que son considerados minoritarios. En otras palabras, se invisibiliza que es desde un gran grupo desde donde se mira con ojos dudosos a los grupos pequeños.  Lo esperable es que la mirada, la voz y las preguntas recaigan sobre las tribus en lugar de que también puedan provenir desde éstas hacia, por ejemplo, el mundo adulto.  Son estas cuestiones psicológicas, sociales y políticas muy interesantes, que merecen un desarrollo profundo en cada una de sus vertientes.

2) ¿Por qué cree que los jóvenes buscan formar parte de estos grupos culturales?
- En principio debemos tener en cuenta que justamente los que forman estos grupos son adolescentes. Desde una mirada biológica, sabemos que en la edad de la pubertad  se llevan a cabo modificaciones en el cuerpo de todo tipo. Desde una mirada quizás más amplia o abarcativa, notamos que las modificaciones que se dan durante la metamorfosis de la pubertad atañen al joven como un todo. Cambia su cuerpo internamente (por ejemplo a nivel hormonal) y externamente al nivel de la imagen. El adolescente es una persona que tiene que vérselas con todo un mundo nuevo, o mejor dicho, es él lo nuevo que ahora tiene que vérselas con ese mundo en el que se encuentra. Desde el psicoanálisis se sostiene que el adolescente es aquel  que se encuentra en una etapa en la cual ya no se siente parte de su familia. Comentándolo rápidamente, la reactualización enérgica que del complejo de Edipo (a nivel de lo inconsciente) se lleva a cabo en esta edad, empuja al sujeto hacia la exogamia, es decir, a buscar referencias fuera de su seno familiar. Esta segunda socialización, como la llaman algunos autores, deja al adolescente en medio de una realidad infantil que debe dejar atrás y un mundo adulto del cual aun no se siente parte y desde el cual recibe una mirada dudosa, interrogativa, incomprendida, a veces intolerante. A esta edad se la llama comúnmente de transición, pero no por eso es menos importante para la estructuración del psiquismo humano. Es ahí cuando el joven busca afianzar su identidad en el grupo de pares. Dependiendo de las características individuales, concientes e inconcientes, el adolescente se siente parte de ciertos grupos más que de otros. Inclusive, el propio grupo busca afianzarse como unidad rivalizando con otros grupos que sirven como un límite exterior (nosotros no somos como ellos). Concretamente, la fórmula que nos permite pensar este fenómeno de las tribus se compone de un conjunto de personas buscando construir una identidad dentro de un dispositivo que les ofrece participar en esa construcción.

3) ¿Puede correr riesgo la salud psíquica de un joven que se integra a estas tribus?
- Esta es una pregunta compleja que necesita de una capacidad pronóstica muy difícil de establecer. En principio no habría razones concretas para pensar que una tribu urbana tenga como característica inherente el hecho de ser un riesgo para la salud psíquica de quienes la integran.  Es más, las tribus sirven de grupos de contención y de desarrollo de un psiquismo en plena reorganización. Y en última instancia, la tribu es también un lugar en donde se pone en juego el amor entre los individuos que la conforman. Recordemos que lo que mantiene unido a un grupo como tal son sus ligazones libidinales. Claramente, como en cualquier otro espacio social, la tribu podría llegar a ser riesgosa para el individuo, como así también el individuo podría ser riesgoso para la tribu de la que forma parte. Por ejemplo, si en una tribu se fomenta la violencia o el uso de drogas indiscriminados, por decir algo, no es menos riesgoso que la misma situación se de, por ejemplo, fomentada desde la instituciones y los medios masivos de comunicación del mundo adulto. En todo caso, la pregunta habría que redireccionarla desde las tribus en sí hacia los elementos perjudiciales como la violencia en todas sus formas y espacios sociales.  Si el adolescente necesita resguardarse dentro de estos bunkers sociales es porque siente e intuye que los riesgos se corren en ese grupo dominante adulto que, a su vez, sospecha de las tribus como lugares de riesgo para el adolescente y para el status quo imperante.

4) ¿Cree que influyen los problemas personales?
 - El adolescente necesita integrar diferentes grupos debido al conflicto psíquico en el cual se encuentra inmerso. Como decía mas arriba, hay toda una restructuración psíquica en donde se deben buscar referencias desde la endogamia hacia la exogamia, reconfigurar la imagen corporal y aceptarla como tal, buscar una identidad sexual y reconocer el lugar que se ocupa dentro del cuerpo social. No me animaría a llamar problema a dicho conflicto, por más que no sea para nada fácil el tratar de resolverlo. Si lo pensamos en término de problema podemos confundir todo este proceso necesario con algo propio del orden de la enfermedad, patología o anormalidad. De esta manera seriamos poco justos con lo que en realidad se esta poniendo en juego. De todas maneras hay que estar atento a que, dentro del proceso esperable, también puedan darse situaciones propias de lo problemático o lo patológico. Y también es necesario aclarar que por más que el proceso sea esperable, no por eso ha de desmerecer la atención y la importancia que reviste para el adolescente en pleno desarrollo psicofísico. Sostengo que el mundo adulto no debe olvidar que alguna vez ha sido niño y adolescente para ser tal.

 5) ¿Suelen concurrir a su consultorio adolescentes que pertenezcan a tribus urbanas?
- A nivel estadístico, la mayoría de los adolescentes que consultan suelen pertenecer a algún grupo con sus características masomenos definidas y diferenciadas. La profundidad en la que se encuentran inmersos, dentro de esos grupos, varía de joven a joven. En la clínica es muy importante no solo no desmerecer a estos grupos de pertenencia, sino todo lo contrario. Gran parte del trabajo con adolescentes se basa en la escucha, acompañamiento e intervención sobre el material relacionado a los grupos de pertenencia. El analista, lejos de ponerse en una posición en la que juzga al adolescente, le da lugar a la palabra del mismo. De esta manera, el proceso del desarrollo de la identidad del paciente se ve beneficiada por el ¨ hacer conciente lo inconciente ¨, permitiendo al mismo tener una mirada nueva y diferente sobre si mismo y su relación con los demás.

 6) ¿Cómo deben actuar los padres de un chico que cambia bruscamente, por ejemplo, para integrar una tribu emo?
-      Los cambios de la pubertad y la adolescencia se caracterizan, muchas veces, por ser bruscos. Estos cambios disruptivos no solo angustian al joven que los padece, sino que también son una incógnita para los padres y/o el entorno. Al mismo tiempo que disparan una restructuración psíquica del adolescente, también se generan preguntas sobre cuál es el papel o el rol de un padre frente a este tipo de situaciones. Sobre esto hay dos cuestiones importantes a tener en cuenta. La primera tiene que ver con el lugar efectivo que los padres deben ocupar frente a un hijo que pasa a formar parte de una tribu urbana. Ante todo, seria beneficioso que lograran establecer un vínculo en el cual se de una comunicación que apunte al difícil entendimiento mutuo, la comprensión y el apoyo en aquellos aspectos donde unos y otros son mas vulnerables. Pienso que lo ideal seria buscar las maneras de apuntar a romper con los prejuicios que puedan existir desde un lado y el otro. Es decir, aquellos que existen desde el adulto sobre el mundo adolescente y aquellos del adolescente acerca del mundo adulto.

Por ejemplo, la tribu de los emos tiene ciertas características estéticas muy llamativas. Que sean del orden de lo estético no significa que deban ser menospreciadas.  Cuando se escucha a algún integrante de tal tribu, los mismos suelen decir que el nombre que los engloba deriva de emocional. Esto nos da la pauta de estos chicos se encuentran frente a un sentir nuevo, masivo. Ellos sostienen que sienten más que el resto. Claramente están en la búsqueda de un sentido para esas emociones que irrumpen en sus vidas. Allí son los padres los que ocupan un lugar de garantes de una ley que, transmitiéndoselas a sus hijos, le permitirán a esos chicos desarrollo hacia el ordenamiento de si mismos, de su sexualidad en sentido amplio, en definitiva, de su identidad. Si el adolescente rivaliza contra el orden adulto y de los padres, es porque también necesita encontrar una ley a la cual adecuarse. 
Es de mencionar la importancia de quien consulta al profesional psicólogo. ¿Es lo mismo que lo haga el adolescente por cuenta propia a cuando la consulta nace por decisión de sus padres? A veces la demanda de consulta tiene implícita una pregunta por la paternidad, valga la redundancia, de los padres mismos del adolescente. En ese caso puede ser muy productivo que se lleve un trabajo psicológico con el adolescente y los padres del mismo.
Y para finalizar, nos gustaría que nos aporte lo que le parezca con respecto a los jóvenes.
 
- Creo que una de las cosas mas importantes que se derivan de esta temática es el miedo. El miedo ante lo nuevo, lo que aparece bruscamente, lo que no se sabe bien como manejar, como entenderlo, como soportarlo. Si al adulto le genera este tipo de sensaciones, ¿qué cosas le estarán ocurriendo al joven que vive estos cambios en carne propia? Quizás el choque entre estos dos mundos, el del adolescente y el del adulto, sea algo inevitable y hasta necesario. Y en este choque es necesaria la pelea y la discusión, pero también es necesario el amor, la creación de lazos y la generación de confianza.